
En todas las cosas que Eduardo nos contó se desprendía la humanidad de un hombre dedicado a un trabajo tan delicado y difícil. Sin ocultar en ningún momento la gravedad de las enfermedades de las que se ocupa, nos inundó de esperanza y ternura en la forma en la que, tanto él como el resto de sus compañeros, se enfrentan a estas situaciones con enfermos tan pequeños.
Después pudimos realizarle todas las preguntas que habíamos preparado, a las que Eduardo con mucho gusto respondió. También nos presentó a la mascota de su planta, un lindo perrito de marioneta que él mismo manejaba con gran habilidad, tanta que nos pareció que era totalmente real.
Para acabar y como recuerdo, todos los niños y niñas de la clase de 4ºB nos fotografiamos con Eduardo.
¡Gracias Eduardo!
¡Gracias Esther!
¡Gracias Eduardo!
¡Gracias Esther!
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